Hay tres tipos de decisores en relación a la hospitalización a domicilio: los defensores incondicionales, los detractores irreductibles, y un grupo numeroso de indecisos que pueden convertirse, respectivamente, en defensores o detractores en función de escuchar argumentos convincentes a favor o de conocer alguna experiencia cercana de fracaso.

En 2016 participé como ponente en un encuentro en el que se exponían experiencias de hospitalización a domicilio. Durante el debate que siguió a las ponencias, cuando se abrió el turno de preguntas, alguien del público que se identificó como gerente de un gran hospital levantó la mano y dijo: “he promovido la creación de unidades de hospitalización a domicilio en dos ocasiones. Las dos han sido un estrepitoso fracaso. Jamás se me ocurrirá intentarlo por tercera vez”. En el auditorio se hizo el silencio y los ponentes, entusiasmados con nuestras experiencias de éxito, tuvimos que aguzar el ingenio para contrarrestar con argumentos de peso aquella sentencia tan contundente que amenazaba con desalentar a quienes estuvieran pensando en crear una unidad de hospitalización a domicilio tras escuchar nuestras ponencias. Por el bien de los ciudadanos, espero que la persona que levantó la mano durante aquel encuentro haya reconsiderado su postura, al fin y al cabo dos fracasos no son nada.

Sin embargo, lo realmente importante de esta historia es analizar cuáles son las razones que conducen a que un servicio que está enfocado a generar confort y bienestar a los enfermos puede convertirse en una experiencia fallida. Existen tres razones principales, pero el origen de todas ellas es común: la insuficiente transferencia de cuidados de quienes tienen la responsabilidad de atender a los pacientes hasta un determinado momento hacia quienes tienen que asumirla a partir de ese momento, es decir, el equipo de hospitalización a domicilio. Cuando esto ocurre, y la actividad es escasa, resulta difícil justificar la inversión en recursos humanos y materiales.

El primer motivo por el que la transferencia de la responsabilidad de los cuidados puede ser insuficiente es por la falta de confianza en el equipo de hospitalización a domicilio. La especialización, la formación continuada y un perfil profesional con marcados rasgos humanistas entre los integrantes del equipo son los elementos que permiten contrarrestar esa falta de confianza.

El segundo motivo tiene que ver con la resistencia al cambio (u otros intereses más espurios) de quienes tienen la responsabilidad de ejercer esa transferencia de cuidados en beneficio de los pacientes y sus familias. En este caso la solución exige más ingenio y determinación, y pasa por identificar y alentar a aquellas personas dentro de la organización más sensibilizadas con las ventajas de este modelo asistencial para que sirvan de “ejemplo a seguir” al resto de sus compañeros.

Finalmente, la falta de motivación de los profesionales de hospitalización a domicilio es otro factor que puede dar al traste con la iniciativa de cualquier voluntarioso decisor. Y la experiencia muestra que los profesionales de hospitalización a domicilio se desmotivan por dos motivos: la falta de continuidad en la prestación del servicio, y la falta de recursos. Si usted es un decisor, no trate de dotar su servicio de hospitalización a domicilio con profesionales que vayan de un lugar a otro como si se tratase de un intercambio de cromos en función de las necesidades, las bajas, las vacaciones, etc. Garantice continuidad y dedicación exclusiva. De lo contrario su experiencia de hospitalización a domicilio será un fracaso. Y por otro lado, no menosprecie a sus profesionales exigiéndoles que aporten sus propios bienes – léase vehículo, ropa de trabajo, mochilas, etc. – o privándoles de los recursos mínimos exigibles para ejercer la hospitalización a domicilio con garantías de calidad y seguridad. Si hace esto, los profesionales se marcharán en cuanto puedan y no se llevarán una opinión muy favorable de su gestión. El coste de la inversión en recursos técnicos y materiales en hospitalización a domicilio es insignificante comparado con otros servicios y no merece la pena jugarse el prestigio profesional por tan poca cosa.

Hay un cuarto elemento que dificulta que un servicio de hospitalización a domicilio alcance un rendimiento suficiente. Pero en este caso el motivo es estructural y tiene que ver con la dimensión del hospital. En los hospitales de menor tamaño es posible que nunca se genere demanda suficiente como para rentabilizar los costes de funcionamiento del servicio. ¿Alguna solución? Sí.

Primero, sea paciente. Según estudios australianos el umbral de rentabilidad de una unidad de hospitalización a domicilio (los costes de mantenimiento quedan compensados por el ahorro generado) no se alcanza hasta que no trascurren entre 1 y 3 años. Incluso las organizaciones más innovadoras y transformadoras necesitan un periodo de adaptación a la nueva forma de trabajar y una curva de aprendizaje.

Segundo, deje de pensar solo en términos económicos. En Australia, donde la hospitalización a domicilio ha alcanzado una de las cuotas de desarrollo más elevadas a nivel mundial, esta actividad se financia al mismo nivel que la hospitalización convencional. ¿Por qué? ¿No es el ahorro una de las principales “virtudes” de la hospitalización a domicilio? Sí, pero las autoridades australianas han llegado al convencimiento de que este modelo asistencial aporta otros muchos valores al sistema como son: menos complicaciones, menos episodios de delirio, menos deterioro funcional, menos necesidad de ingresos en residencias de ancianos, menos reingresos, menos mortalidad, más satisfacción. Suficiente, teniendo en cuenta que todos estos efectos, en sí mismos, ya suponen un ahorro de costes, por no hablar de la mejora de la experiencia frente a la enfermedad que supone para pacientes y familias.

Tercero, externalice el servicio. Esta opción puede ser más atractiva para el sector privado pero, en cualquier caso, si considera que el riesgo es demasiado alto, que es improbable que alcance un volumen de actividad suficiente, que no encuentra profesionales motivados, o simplemente que quiere acortar los plazos para incorporar la hospitalización a domicilio a su cartera de servicios y así ofrecer un valor diferencial, encuentre quien lo haga por usted. Eso sí, no se conforme con poco. Exija garantías. Ya veremos cuales.