Con frecuencia los avances en medicina se asocian a nuevos y eficaces fármacos, a técnicas sofisticadas de diagnóstico o a descubrimientos en el ámbito de la genética que prometen acabar con enfermedades devastadoras en los próximos 15 o 20 años. Sin embargo, en pocas ocasiones un avance en medicina es noticia por suponer una mejora significativa en la calidad de vida de las personas. Tal vez por eso la posibilidad de realizar trasplantes de médula ósea en el domicilio no ocupe las primeras portadas de los periódicos, ni merezca unos segundos en la apretada agenda de noticias tóxicas de los telediarios.

Sin embargo, que un paciente pueda someterse a semejante tratamiento sin salir de su casa supone un avance médico sin precedentes. Hace tan solo unos años hubiera sido impensable trasladar técnicas y recursos del hospital al ámbito doméstico para atender a pacientes con enfermedades hematológicas graves y potencialmente mortales. Estrictas medidas de aislamiento, restringido régimen de visitas y desconexión de la realidad social y familiar es a lo que tiene que enfrentarse cualquier paciente hospitalizado que precisa un trasplante de médula ósea. Sin embargo, hoy en día y gracias al valor, la generosidad y los conocimientos de muchos profesionales la calidad de vida de estos pacientes está cambiando de forma radical, y por primera vez en muchos años el bienestar de las personas se antepone a cualquier otra consideración.

Es cierto que no dejamos de oír argumentos tan altisonantes como que el paciente está en el centro del sistema o que siempre deben respetarse sus opiniones y preferencias. Pero la realidad es muy distinta. Demasiado a menudo organizaciones, gestores y profesionales sanitarios están pendientes de sus propios intereses y descuidan las verdaderas necesidades de los pacientes. No es ningún secreto que hay una desafección entre la sociedad y la forma en cómo los servicios sanitarios son prestados, y la razón es muy sencilla: lo que más conviene a un paciente no siempre ocupa la primera posición en el orden de prioridades de autoridades y profesionales sanitarios.

Aún así hay espacio para la esperanza. La iniciativa del Hospital Regional Universitario de Málaga de realizar trasplantes de médula ósea en el domicilio es un claro ejemplo de otra forma de hacer medicina y de la inquietud de algunos profesionales por el bienestar de las personas.

No cabe duda que aventurarse en una empresa de esta envergadura requiere altas dosis de entusiasmo y sacrificio. También de resistencia, porque no hay que olvidar que el tormento de los inmovilistas es la energía de los visionarios. Pero no estamos aquí para conformarnos con el sufrimiento de los enfermos . Estamos aquí para mejorar la experiencia del paciente y su familia frente a la enfermedad. Estamos aquí para mirar por el paciente. De lo contrario estamos condenados a no ser nada.